viernes, 7 de marzo de 2014

PARA LOS QUE NO SE ENCUENTRAN PECADOS






Ayer mi padre me pasó una hoja con la información que transcribo a continuación, la cual me parece sumamente útil para esta Cuaresma:



Se trata de saber si somos -y si desde la última Confesión se nos ha notado claramente-, aparte de otras cosas más gordas:

caprichosos,
tercos,
intransigentes,
coléricos, irascibles,
agresivos,
discutidores implacables,
quejumbrosos,
malhumorados,
envidiosos,
protestones por sistema,
egoistones,
susceptibles,
tacaños,
mezquinos,
propensos al complejo de víctima,
perezosos,
comodones, flojos,
sensuales,
equilibristas de la impureza,
noveleros,
excesivamente soñadores,
suavemente materialistas,
irresponsables,
frívolos,
vacíos,
superficiales,
inconstantes,
mentirosos, tramposos,
faltos de autenticidad,
desordenados, chambones,
vanidosos,
arrogantes, engreídos,
impuntuales,
rencorosos,
murmuradores,
chismosos,
mal pensados,
difamadores,
duros para la comprensión,
toscos en la expresión,
mal dispuestos contra todo y todos,
despreciativos,
faltos de espíritu universal,
fácilmente injustos,
ingratos, desagradecidos,
poco propicios a la generosidad,
indiferentes hacia los demás,
aislacionistas, individualistas,
sembradores de pesimismo,
incrédulos por comodidad,
irreverentes,
poco piadosos,
faltos de visión sobrenatural,
faltos de confianza en Dios,
sordos a su voluntad,
propensos a olvidarnos de Él,
distraídos en la liturgia,
poco devotos de la Virgen,

Y examinar también:

si desperdiciamos el tiempo,
si vivimos permanentemente descontentos,
si nos falta sentido del pudor,
si estamos excesivamente seguros de las propias ideas,
si nos sentimos como reyes no reconocidos o injustamente destronados, y , en consecuencia, siempre enfadados,
si en todas las cosas estamos contra,
si vivimos exageradamente inquietos por el porvenir,
si no nos preocupa el sufrimiento ajeno ni las injusticias,
si sólo pensamos en ser servidos y complacidos, y nunca en servir,
si sólo somos amables cuando nos conviene,
si somos propensos a instrumentalizarlo todo hacia lo que nos conviene,
si carecemos de "sentido del otro",
si pactamos fácilmente con la injusticia,
si siempre lo vemos todo desde el punto de vista propio,
si solemos pasar factura a los demás, por lo que hacemos o nos parece hacer por ellos,
si no damos limosna ni por casualidad,
si somos negligentes en la atención debida a los padres, esposa o esposo,
si aumentamos innecesariamente la carga de los demás con caprichos y nuevas necesidades,
si sólo nos preocupamos de que nuestros padres nos complazcan, y rara vez les damos una alegría,
si exigimos mucho y damos poco,
si aceptamos la mediocridad en las cosas de Dios,
si tenemos tendencia a confiar más en nosotros mismos que en la gracia,
si descuidamos la oración personal,
si no procuramos adquirir la debida formación religiosa,
si damos por supuesto que el apostolado es cosa de los otros,
si vivimos esquivando las cruces que nos santificarían,
si sentimos celos por el progreso espiritual de los otros,
si nos falta fe en el Magisterio de la Iglesia,
si tenemos tendencia a criticarla,
si nos consideramos el mejor intérprete del Vaticano II,
si contribuimos al desprestigio de las personas consagradas a Dios,
si somos tacaños en la ayuda económica a la Iglesia,
si llegamos habitualmente tarde a Misa,
si descuidamos el ayuno y la abstinencia,
si..., etc...

martes, 4 de marzo de 2014

La Cuaresma, tiempo de Desierto



(Esta es una catequesis dada en la Parroquia donde vivo, Cristo Rey, el pasado 27 de febrero. Quizás pueda servirle a alguien para vivir el tiempo de Cuaresma. No es un texto perfectamente redactado, sino más bien un guión para la predicación...)

«Entonces Jesús fue llevado por el Espíritu al desierto para ser tentado por el diablo» (Mt 4,1) 

Introducción

Con esta catequesis queremos preparar el tiempo de la cuaresma. He elegido el pasaje de Mateo que relata las tentaciones de Jesús en el desierto como punto de referencia. Se trata de entender la cuaresma como un paso por el desierto.
La cuaresma inicia con el miércoles de ceniza. Antiguamente los judíos acostumbraban cubrirse de ceniza cuando hacían algún sacrificio y los ninivitas también usaban la ceniza como signo de su deseo de conversión de su mala vida a una vida con Dios.
En los primeros siglos de la Iglesia, las personas que querían recibir el Sacramento de la Reconciliación el Jueves Santo, se ponían ceniza en la cabeza y se presentaban ante la comunidad vestidos con un "hábito penitencial". Esto representaba su voluntad de convertirse.
En el año 384 d.C., la Cuaresma adquirió un sentido penitencial para todos los cristianos y desde el siglo XI, la Iglesia de Roma acostumbra poner las cenizas al iniciar los 40 días de penitencia y conversión.
Las cenizas que se utilizan se obtienen quemando las palmas usadas el Domingo de Ramos de año anterior. Esto nos recuerda que lo que fue signo de gloria pronto se reduce a nada.
La ceniza nos recuerda que nos morimos. Es muy importante tener siempre presente a la muerte como una realidad que redimensiona nuestra propia existencia y, de algún modo, nos “aterriza”.
La cuaresma termina con el domingo de ramos y la celebración de la Pascua del Señor, en quien la muerte ha sido vencida.

El Desierto

·        En un primer sentido indica un lugar que no ha bendecido Dios: es un lugar donde escasea el agua; hacer de un país un desierto es como volverlo al caos de los orígenes. Allí habitan los demonios.
·        Pero según la Biblia Dios quiso hacer pasar a su pueblo por esa «tierra espantosa» (Dt 1,9), para hacerlo entrar en otra tierra que mana leche y miel. El desierto entonces evoca una época de la historia sagrada. En ese sentido, el desierto no es una simple búsqueda de soledad, o una fuga de la civilización, sino un paso por una experiencia particular, protagonizada por el mismo Dios.
·        En ese sentido, el ciclo litúrgico está compuesto por dos órdenes de celebraciones paralelos: de un lado el ciclo determinado por las fiestas de la Navidad y de la Pascua, con sus correspondientes tiempos precedentes y subsiguientes; y el ciclo determinado por el santoral. La Cuaresma es un tiempo de preparación a la Pascua, es un período para entrar a la tierra que mana leche y miel, la Pascua. La idea de tener tiempos es muy interesante: no es algo eterno, no es algo fugaz, es un período bien delimitado en el que Dios hace una historia con nosotros.

En marcha hacia la Tierra Prometida

·        Es importante recordar que un momento definitivo en la historia del pueblo Hebreo fue su paso por el desierto después de haber sido liberados de la esclavitud del Faraón: su paso por el desierto. Hay tres elementos que caracterizan dicho paso.
1.    El designio de Dios: Se trata de un camino expresamente escogido por Dios, aunque no el más corto, porque Dios quería ser guía de su pueblo. En el desierto es donde los Hebreos deben adorar a Dios, allí reciben su ley y concluyen una alianza que los constituye en verdadero pueblo de Dios. Algo semejante es lo que Dios quiere hacer con nosotros a lo largo de la cuaresma: mostrarnos que Él es quien en realidad lleva las riendas de nuestra vida, quiere mostrarnos su voluntad (su ley), y formalizar un pacto con nosotros, es decir, fortalecernos para que seamos verdaderamente fieles.
2.    La infidelidad del pueblo: El camino por el desierto fue un camino para los Hebreos muy diferente de la tierra de Egipto, donde no faltaban alimento y seguridad. El desierto es el camino de la fe pura. El pueblo desde el principio murmura: preferían una vida de esclavos que la muerte amenazante en el desierto. El desierto es el espacio en el que se revela verdaderamente cuál es el corazón del hombre; es el tiempo en el que dejamos de engañarnos a nosotros mismos.
3.    El triunfo de la misericordia de Dios: Dios saca bien del mal. Al pueblo que murmura le da un alimento y un agua maravillosos. Si debe castigar a los pecadores, con todo les ofrece medios de salvación como la serpiente de bronce. El desierto es el tiempo de la misericordia de Dios.

Cristo y el desierto

·        Los esenios promovían una separación de la ciudad para refugiarse en el desierto. Juan Bautista, en cambio, propone el desierto como una ocasión para convertirse con miras al Mesías que viene.
1.    Cristo en el desierto: Jesús quiso revivir las etapas del pueblo de Dios: por eso fue llevado por el Espíritu al desierto para ser sometido a la prueba. Pero a diferencia de sus padres, Jesús supera la prueba y permanece fiel.
2.    Cristo, nuestro desierto: Jesús es el agua viva, el pan del cielo, el camino y el guía, la luz en la noche, la serpiente que da vida a todos los que la miran para ser salvos. En Él hemos superado la prueba, en Él tenemos la comunión perfecta con Dios.

La Iglesia y el desierto

·        La Iglesia vive oculta en el desierto hasta el retorno de Cristo que pondrá fin al poder de Satán (Ap 12,6.14: «Y la mujer huyó al desierto, donde tiene un lugar preparado por Dios para ser allí alimentada 1.260 días (…) Pero se le dieron a la Mujer las dos alas del águila grande para volar al desierto, a su lugar, lejos del Dragón, donde tiene que ser alimentada un tiempo y tiempos y medio tiempo»). La Iglesia vive un tiempo nuevo.
·        Pablo se sitúa en la misma perspectiva. Enseña que los acontecimientos que tuvieron lugar en otro tiempo se produjeron para nuestra instrucción, la instrucción de los que hemos llegado al fin de los tiempos 1Cor 10,11. Bautizados en la nube y en el mar, somos alimentados con el pan vivo y abrevados con el agua del Espíritu que brota de la roca; y esta roca es Cristo. Nada de ilusiones: vivimos todavía en el desierto, pero sacramentalmente. La figura del desierto es, pues, indispensable para comprender la naturaleza de la vida cristiana.


El análisis de Mateo 4, 1-11.



1 Entonces Jesús fue llevado por el Espíritu al desierto para ser tentado por el diablo.
2 Y después de hacer un ayuno de cuarenta días y cuarenta noches, al fin sintió hambre.
3 Y acercándose el tentador, le dijo: «Si eres Hijo de Dios, di que estas piedras se conviertan en panes.»
4 Mas él respondió: «Está escrito: No sólo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios.»
5 Entonces el diablo le lleva consigo a la Ciudad Santa, le pone sobre el alero del Templo,
6 y le dice: «Si eres Hijo de Dios, tírate abajo, porque está escrito: A sus ángeles te encomendará, y en sus manos te llevarán, para que no tropiece tu pie en piedra alguna.»
7 Jesús le dijo: «También está escrito: No tentarás al Señor tu Dios.»
8 Todavía le lleva consigo el diablo a un monte muy alto, le muestra todos los reinos del mundo y su gloria,
9 y le dice: «Todo esto te daré si postrándote me adoras.»
10 Dícele entonces Jesús: «Apártate, Satanás, porque está escrito: Al Señor tu Dios adorarás, y sólo a él darás culto.»
11 Entonces el diablo le deja. Y he aquí que se acercaron unos ángeles y le servían.



·        Fue llevado por el Espíritu
Podemos decir que el protagonista del tiempo de cuaresma es el Espíritu. No se trata simplemente de hacerse violencia por motivos humanos. Se trata de estar dispuestos a seguir las inspiraciones del Espíritu Santo. De algún modo, las prácticas cuaresmales nos ayudan a estar disponibles y a ser dóciles a su acción.
·        Para ser tentado
En el lenguaje griego común, se usaba el verbo “peiráo” para hablar de poner a prueba a alguien o a algo, y se extiende a la idea de conocer por experiencia. Ser tentados podría entenderse como tener experiencia de quienes somos en verdad, de quién es Dios para nosotros, es ser realistas, es salir de fantasías e ilusiones con las que solemos engañarnos.
Hebreos dice que la vida de Jesús fue una vida de tentación (2,17-18: Por eso tuvo que asemejarse en todo a sus hermanos, para ser misericordioso y Sumo Sacerdote fiel en lo que toca a Dios, en orden a expiar los pecados del pueblo. Pues, habiendo sido probado en el sufrimiento, puede ayudar a los que se ven probados). La diferencia está en que Jesús no pecó. Pero debemos decir que la tentación es necesaria, no en el sentido de que hay que ponerse en ocasión de pecado, lo cual sería en el fondo tentar a Dios, sino en el sentido de que es necesario que seamos probados por el mismo Dios. La principal tentación es a evitar el sufrimiento.
·        Ayuno de cuarenta días y cuarenta noches
Nos recuerda los cuarenta años que pasó el pueblo en el desierto y los cuarenta días que el profeta Elías pasó también en el desierto huyendo de sus perseguidores. Es un tiempo delimitado. Se trata de vivir una experiencia concreta; luego ya vendrá la Pascua y será un tiempo diferente.
·        Sintió hambre
Es una experiencia fisiológica la que da lugar a la primera tentación.
·        El tentador
Dios siempre permite que seamos probados por una realidad concreta: una persona, una circunstancia, el mismo demonio.
·        Si eres hijo de Dios
Estas palabras recuerdan las que se oyeron junto al Jordán: “este es mi Hijo amado”. De algún modo la tentación y el episodio del Bautismo de Jesús están unidos. Lo que se manifestó gloriosamente ahora viene como a ser verificado en la prueba. Jesús vence y nosotros vencemos en Él. Se trata entonces de una experiencia en el Espíritu, pero que va dirigida a un encuentro muy particular con Cristo.
·        Que estas piedras se conviertan en panes
Es la tentación de utilizar las facultades en provecho personal. Es la capacidad de abusar de una posición o de una situación concreta.
·        Está escrito
Es muy significativo el uso de la Escritura que hace el demonio y el que hace Jesús. El primero para confundir, el segundo para iluminar. Esto nos dice que la Escritura puede ser mal usada. Debemos escucharla e interpretarla a la luz de la Tradición de la Iglesia, garantía de fidelidad al mensaje verdadero.
·        No solo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios
Se nos sugiere la primera práctica cuaresmal, que vence ese deseo de saciar las necesidades más básicas: el ayuno. Ayunar es una experiencia. Lo que dice la Virgen en Medjugorje. El ayuno me ayuda a ponerme en verdadera relación conmigo mismo.
·        Lo pone sobre el alero del templo
Es el sitio más visible de la ciudad de Jerusalén. Es desviar la mirada de Dios y vivir en función de los demás, del qué dirán.
·        Tírate abajo
La tentación de lo espectacular. En el fondo de prescindir de los planes de Dios, es decir de Dios mismo, para hacer las cosas a mi manera. Jesús así habría sido fácilmente aclamado por todos y no habría tenido que pasar por la Cruz. Es en el fondo el huir del sufrimiento. Es vivir en la cultura del espectáculo y de la fama. El remedio es la oración, que nos permite discernir cuáles son los verdaderos planes de Dios. Explicar cómo hacer oración mental. Es importante dedicar tiempo fijo a hora fija. Silenciar ruidos: internet, tv, etc. Leer la Escritura y la vida de los santos.
·        Porque está escrito: a sus ángeles te encomendará y en sus manos te llevarán
El demonio, como lo hemos dicho, tienta utilizando los pasajes de la misma Escritura. Esto nos lleva a comprender que necesitamos que otros, en el fondo la Iglesia misma, nos ayude: la importancia de la dirección espiritual y de la obediencia.
·        Todo esto te daré si postrándote me adoras
Es la tentación del ídolo. De postrarse ante lo que no es Dios. La tentación de poseer y dominar. Antídoto para esto es la limosna. Pensar lo que dice la Madre Teresa de Calcuta sobre hasta dónde estamos llamados a dar.
·        Apártate Satanás
Recuerda las palabras que el mismo Señor dijo alguna vez a Pedro. Es la importancia de quitar con decisión en este tiempo lo que nos aparte de Dios.
·        Sólo a Él darás culto
Nos habla de la importancia del culto en este tiempo: acudir a Misa ojalá a diario, preparar muy bien la Misa; vivir la liturgia de la reconciliación.
·        El diablo le deja (…) los ángeles le servían
Es muy llamativo el contraste entre el demonio (ángel caído y los ángeles). La cuaresma es un tiempo para vivir con los ángeles. Como Elías, que recibió de un ángel el pan (figura de la Eucaristía), que le dio fuerzas para caminar. Tratar especialmente al ángel custodio en el tiempo de la cuaresma.


miércoles, 4 de diciembre de 2013

Fraternidad Mística


Mosaico del Pavimento de la Pequeña Iglesia de Tabgha, junto al mar de Galilea, donde, según la Tradición, tuvo lugar el milagro de la multiplicación de los panes y de los peces. 


La compasión por la multitud es la actitud del Evangelio de hoy. Jesús ve a cientos de personas que quieren escucharlo y, al final de la jornada, se pone en su lugar, percibiendo su hambre y su cansancio. En el Adviento, que significa la llegada, se nos presentan pasajes del Evangelio que manifiestan la llegada del Mesías. Multiplicar los panes es el cumplimiento de la profecía de Isaías, que dice que el mismo Señor preparará un banquete para todos los pueblos en su monte.
Pero me queda la idea de la compasión. En ese sentido, no me resisto a poner aquí unas palabras del Papa Francisco en su última Exhortación Apostólica, que invitan a vivir esa compasión, a mirar al otro con lo que el Santo Padre llama "fraternidad mística":

"Allí está la verdadera sanación, ya que el modo de relacionarnos con los demás que realmente nos sana en lugar de enfermarnos es una fraternidad mística, contemplativa, que sabe mirar la grandeza sagrada del prójimo, que sabe descubrir a Dios en cada ser humano, que sabe tolerar las molestias de la convivencia aferrándose al amor de Dios, que sabe abrir el corazón al amor divino para buscar la felicidad de los demás como la busca su Padre bueno" (Evangelii Gaudium 92).